Tommy cordero, parte de la solución y no del problema

image
Yo siempre supe que era diferente, es difícil poner el dedo en algo tan complejo como la transexualidad, pero yo supe siempre que algo estaba fuera de lugar en mi vida. Recuerdo claramente mi primer día de escuela, yo tenía 3 años de edad, mi bolsa de almuerzo era de color rosa y llevaba puesta una falda azul de uniforme. Nunca había visto tantos niños juntos. De repente sonó una campana y todos los niños comenzaron a formar líneas, recuerdo haber visto a dos líneas, y a pesar del hecho de que no vestía como el resto de los chicos, yo sabía que esa era mi línea (que mi madre había cometido un error con el uniforme). Así que estando yo en la línea de los niños una maestra me agarró del brazo izquierdo y tiró de mí colocándome en la línea de las niñas. Pensé igualmente que ella había cometido un error, así que me cambié de nuevo a la línea de los niños, la maestra me cambió de nuevo a la línea de las niñas y fue en ese momento cuando todo se volvió claro para mí y comprendí que la gente no me veía como yo me veía a mí mismo. Si yo fui capaz de llegar a una conclusión como esa a la edad de tres años, imagínense lo que un niño de 5 años puede hacer.

Todos viajamos a través del camino del auto-descubrimiento, mi caso no es diferente, sólo que en mi caso me di cuenta que la sociedad iba colocando piedras gigantes en mi camino y por supuesto, yo las tenía que ir desviando. Crecer en un país predominantemente católico es muy difícil. Todos se aseguran de recordarte constantemente que uno es un diablo, no me gustaba eso; que alguien te diga durante los años críticos de tu desarrollo que arderás en el fuego eterno considero que es un acto de abuso de menores. Pero de alguna manera encontré la fuerza que necesitaba para seguir adelante, y 18 años más tarde, me enorgullezco en decir que he sobrevivido.

Hace exactamente 2 años, 11 meses, 24 días y 7 horas desde que nací de nuevo. La transición me ha permitido expresar mi verdadero yo a los demás; mi exterior está evolucionando hacia el retrato del hombre que yo siempre supe que era. Algo que me dio mucha esperanza fue cuando me reuní con el equipo de AID FOR AIDS (AFA) participando del programa ”¿Cuánto sabes de VIH y Sida?”. Yo estaba en mi tercer año en la escuela secundaria y ya me identificaba como Tommy. En ese taller me ayudaron a profundizar dentro mio, y me hicieron sentir que yo no era diferente al resto de mis compañeros. La información que me dieron no tiene precio y será de uso para el resto de mi vida. Creo que el mayor impacto que el programa ”¿Cuánto sabes?” tuvo en mí es que me llevó a darme cuenta de que no era el único que luchaba, que también había otras personas estigmatizadas, y que estas personas, como yo, no deberían ser juzgados en base a los mitos de la sociedad.

Una de las razones por las que creo que es tan importante poner en práctica programas como ”¿Cuánto sabes de VIH y Sida?” es el hecho de que en República Dominicana no se está haciendo ningún esfuerzo en educar a los jóvenes sobre temas relacionados a la sexualidad. Es importante saber sobre temas como la prevención o la protección contra posibles infecciones, pero además es necesario que todos estemos informados para poder vivir una sexualidad sana que es algo imprescindible para nuestra felicidad en general. AFA me ayudó a darme cuenta de que no había nada malo en expresar mi sexualidad e identidad de género, siempre y cuando actuaba con responsabilidad a través del conocimiento y la educación.

República Dominicana sigue siendo un lugar en donde la gente es muy supersticiosa, la comunidad LGBT (Lesbianas, gays, bisexuales y trans) no es muy bien recibida. No culpo a la gente, sino a la ignorancia, y la única manera de acabar con la ignorancia es mediante la educación. Es por eso que, aparte de ser escritor, hermano, padre de un gatito, y novio a tiempo completo, también soy un defensor de los derechos de cualquier persona que está injustamente juzgado. La educación es la clave del progreso, y el programa ”¿Cuánto sabes de VIH y Sida?” me ayudó a darme cuenta de que quiero ser parte de la solución y no del problema.