Génesis Blanco – Aprendiendo a amarme

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Llegué a AID FOR AIDS (AFA) cuando tenía ocho años de edad gracias a un folleto que entregaron a mi madre en el momento que más necesitábamos. A pesar de que había transcurrido dos años de mi diagnóstico de VIH, el dolor en toda mi familia seguía intacto.

En AFAI conocí a Trina María Aguais y me inicié en el Programa de Atención Integral a Niños, Niñas y Adolescentes, en donde me ayudaron a asimilar mi situación de salud recibiendo importantes herramientas para utilizarlas en mi vida diaria y en el proceso de adherencia al tratamiento antirretroviral. Además, asistía a diversas actividades recreativas que se organizaba para los niños y niñas con el objetivo de socializar y distraerme.

A los 11 años me capacité como Agente Multiplicador en la prevención de VIH, en el programa ¿Cuánto sabes? en donde conocí a la Directora del Programa, Lupe Aguais, y además Directora de AFA Venezuela. Mediante mi participación en ¿Cuánto Sabes? pude conocer más sobre el VIH y otras Infecciones de Transmisión Sexual. Así como aprendí a desarrollar estrategias para reconocer mis emociones y sentimientos, aprendí a comunicarme efectivamente y a manejar mis conflictos con pensamiento crítico y tomando decisiones que me permitan vivir saludable.

Un año más tarde, y después de 7 años de Tratamiento Antirretroviral, mis médicos me dieron un “descanso” de 1 año en mi Tratamiento, pero al reiniciar nuevamente la terapia comencé a sentir fuertes efectos secundarios.

Acudí desesperadamente a AFA, debido a que no conseguía adaptarme o adherirme a las medicinas disponibles en Venezuela, por lo que me incluyeron en el Programa de Acceso al Tratamiento, y comencé a recibir desde los Estados Unidos mi terapia antirretroviral, mes a mes, sin costo alguno. A pesar de sufrir algunos efectos indeseados al principio, todo se normalizó muy pronto.

Inicié la escuela secundaria a los 14 años, algo tarde para lo usual. Cierto día, al llegar a clases una amiga me pregunto: -“¿Génesis, es verdad que tienes VIH?”- en ese momento sentí que el planeta se me caía encima, les negué a todos, menos a mis dos amigas quienes lo comprendieron dándome un gran abrazo. Ese día llegué a mi casa, abracé a mi mamá y lloré hasta sentirme agotada.

Dejé de asistir a clases hasta que tomé fuerzas nuevamente y hablé con Lupe Aguais, quien me ayudó mucho emocionalmente. Entonces decidí volver a la escuela llevando a mi profesora información sobre el VIH. Por supuesto hubo muchos compañeros de estudios que me rechazaban y hacían comentarios que me hundían cada vez más en depresión. Esta situación, sumada a los problemas que atravesaba en casa con mi familia, fue el detonante para que entrara en un caos sin control.

Comencé una etapa de rebeldía en la cual no quería tomarme los medicamentos, mentía y guardaba las pastillas debajo de la cama,  gritaba y peleaba con mi mamá. Fue una época muy difícil tanto para mí como para mi familia. Comenzaba a sentir que no valía la pena vivir y que lo único que quería era morir y acabar con todo.

Pasó el tiempo, cumplí 18 años, y continuaba tomando los medicamentos muy irregularmente, hasta que tuve una fuerte recaída de salud, mi carga viral subió, mis CD4 bajaron y me comencé a enfermar por cualquier cosa. En ese momento me di cuenta de lo que estaba pasando en mi vida; me estaba dejando caer yo misma en un pozo del que difícilmente podría salir. Sin embargo, un día tomé conciencia, me levanté y dije “¡YA NO MAS! Es tiempo de cambiar de actitud” y comencé a buscar ayuda, hablé con el equipo de AFA y nuevamente me tendieron la mano, me contactaron con médicos para mejorar mi salud, e inicié además, una nueva terapia antirretroviral, que me la suministraban en una farmacia de un hospital de Venezuela.

Actualmente tengo 20 años, estoy viviendo en Maturín – Venezuela, Gracias a Dios recibo mi terapia antirretroviral todos los meses, aunque a veces, hay fallas en el suministro de los tratamientos, cosa que me llena de rabia e impotencia, porque al suspender la terapia constantemente se pone en peligro mi salud. Además, en ocasiones no se dispone de los reactivos para las pruebas de Laboratorio (CD4 y Carga Viral), por lo que pasamos meses sin estos estudios tan importantes, que por recomendación médica deberían realizarse cada 3 meses, pero en Venezuela lo hacen cada 6 si hay disponibilidad de reactivos. También debo aguantar constantemente desplantes de parte de médicos o personales de salud que por ignorancia no quieren atenderme por temor a infectarse.

Pero ahora pienso, siento y actúo diferente. He aprendido que soy un ser importante en este mundo y que si Dios me puso en esta situación de salud es porque tiene un propósito para mi aquí en la tierra y porque de seguro podré superarlo. 

Se produjeron grandes cambios desde que comencé a tomar mi terapia regularmente. Subí de peso, mi semblante es saludable y estoy más llena de alegría. Terminé mis estudios secundarios y estoy haciendo planes para inscribirme en la universidad. Me enamoré,  tengo una pareja serodiscordante (en la que un miembro tiene el virus y el otro no) y que conoce y comprende mi situación de salud, no fue fácil para mí decirlo, pero hoy estoy comprometida con él y estamos muy felices haciendo planes para el futuro. Mi familia y mis amigos me apoyan, y aunque ya no asisto a AID FOR AIDS con frecuencia, siempre estoy en contacto con el equipo debido a que ellos están constantemente pendientes de mi situación.

En AFA aprendí a cuidarme para vivir saludablemente, me dieron información y medicinas cuando las necesité,  pero lo más importante, me dieron VIDA, porque aprendí que con voluntad y esfuerzo se alcanzan las metas planteadas y que siempre habrá gente que necesite de mí y a la que yo pueda ayudar. Por eso les doy muchas gracias a AID FOR AIDS, por estar conmigo siempre, y por enseñarme el verdadero valor de mi vida.